EN RESUMEN
5 DE AGOSTO DE 2026
Más allá de una discusión entre una pasajera y un operador de transporte, lo ocurrido con una familia que pretendía viajar con una perrita chihuahua de apoyo emocional deja al descubierto un problema que va más allá de un simple desacuerdo: la falta de sensibilidad, de protocolos claros y de respeto hacia quienes dependen de un animal de apoyo para su bienestar emocional.

La afectada denunció que, antes de comprar sus boletos, verificó que la empresa Movix permitía el traslado de perros de apoyo emocional y de guía. Incluso reunió la documentación solicitada: cartilla de vacunación vigente, carta de una psicóloga certificada y constancia del médico veterinario. Sin embargo, al momento de abordar, el operador les negó el acceso argumentando que tenía órdenes de no permitir el ingreso de la mascota.
Lo más preocupante es que, según la versión de la familia, un superior habría considerado viable autorizar el viaje si ningún pasajero presentaba inconvenientes, pero esa posibilidad nunca se concretó. La decisión final fue dejar abajo a una perrita chihuahua, completamente inofensiva, cuya función era brindar estabilidad emocional a una joven durante el trayecto.
La pregunta es inevitable: ¿de qué sirve que una empresa publique políticas de inclusión si, al momento de aplicarlas, cada operador actúa con criterios distintos? La falta de certeza genera frustración, pérdidas económicas y, sobre todo, pone en riesgo el bienestar de quienes dependen de un animal de apoyo emocional.
También vale la pena reflexionar sobre los derechos de estos animales, que no son simples mascotas cuando cumplen una función terapéutica o de asistencia. Un perro de apoyo emocional no representa un capricho de su propietario; para muchas personas es una herramienta fundamental para enfrentar crisis de ansiedad, estrés o trastornos emocionales. Negarles el acceso sin una justificación clara puede tener consecuencias reales para la salud de quien depende de ellos.
Si una pequeña chihuahua, con documentación en regla y sin representar riesgo alguno para los pasajeros, no pudo abordar, surge otra interrogante: ¿qué ocurrirá cuando una persona viaje con un perro guía o con otro animal de asistencia? Las empresas tienen la obligación de contar con reglas claras y personal capacitado para atender este tipo de situaciones.
A ello se suman otras inquietudes planteadas por la usuaria: la falta de atención en los teléfonos de contacto, la ausencia de información clara sobre oficinas donde presentar una queja y la incertidumbre sobre quién responde ante cualquier incidente durante el servicio.
Las empresas de transporte tienen derecho a establecer reglas para garantizar la seguridad de todos los pasajeros. Sin embargo, esas reglas deben ser claras, públicas, aplicarse de manera uniforme y respetar los derechos de las personas que requieren apoyos especiales. La inclusión no puede quedarse en un anuncio o en una publicación en internet; debe reflejarse en las acciones de quienes representan a la empresa.
Porque, al final, no solo se dejó fuera a una perrita de apenas unos kilos de peso. También se dejó de lado la empatía, la congruencia y el derecho de una pasajera a viajar con el apoyo emocional que, según las políticas difundidas por la propia empresa, podía acompañarla.