***Crónica de las de frijol, las de papas y las de chicharrón
24 de septiembre de 2026
Mañana lluviosa, banquetas resbaladizas, temperatura agradable y música huasteca – no podía faltar – son la imagen matutina de este día, jueves, ya se siente el fin de semana.
Bajar del transporte y enfrentar de nuevo al sol, pues la lluvia había cesado ocurre en pocos minutos, transitar por el bulevar México-Laredo se ha transformando en una aventura gastronómica deliciosa.
“Flor de Capomo” son las primeras notas que se escuchan al aproximarse al lugar que es ya una tradición añeja en Ciudad Valles:
“Tu mamá te ordena 2 caguamas para mí”, dice la picarescamente adulterada letra de la melodía, en la que las tres voces del desconocido trio de huapangueros se independizan una de otra hasta romper la armonía y el violín, más independiente aún, entra cuando se le da la gana.

En la mesa del fondo, un parroquiano de aspecto humilde observa y disfruta – quizá, no lo sabemos – del intento de interpretar la popular melodía, su mirada tímida se desvía de a poco hacia el plato de unicel, cuyo albo color contrasta con el negro de los frijoles, el amarillo de la papa y el rojo del chile del revoltillo de huevo. La pequeña y multicolor montaña de alimento es coronada por el verde intenso de la salsa preparada para darle sabor, que se encuentra sobre la mesa en envases amarillos de plástico, coronados por un capuchón del mismo color, adherido al cuerpo del recipiente para evitar que se derramen.
Todo es bullicio en el lugar, el pregón de las aguas frescas, “hay de limón, de naranja y de horchata, pásele marchante, ¿de cuál le sirvo?, ¿quiere mejor un café?”
Dos mujeres, al otro extremo del pequeño pero concurrido pasillo, hablan del clima y de otros asuntos domésticos con el tono característico de la región.

Contemplar la escena de lejos nos trae a la memoria a la responsable de esta informal plaza: Doña María Alvarado, una mujer que personificó el tenaz carácter de las mujeres huastecas y que desde los años 70 del siglo anterior construyó aquí su negocio, con una canasta de su ya famoso producto, hasta llegar a vender varias a lo largo del día.
Y como siempre suele suceder, algo que también caracteriza al mexicano, cuando un sitio o un producto obtienen el éxito, brotan los competidores e imitadores hasta por debajo de las piedras, sin embargo, al sol de este día, los nativos de Ciudad Valles sabemos perfectamente que la filosofía de Doña Mary, como era más conocida siempre fue “el sol sale para todos”.
Y el tráfago humano continúa en los 3 o 4 establecimientos que ahora ocupan el sitio, “deme 2 paquetes de 20 gorditas cada uno, surtidas, para llevar, por favor”, exclama un hombre de edad madura, seguramente, alguna reunión, improvisada o no, requiere de algo sabroso para mitigar el hambre de media mañana, luego, otro comensal se para frente a la canasta y pide: “me da 4 para comer aquí”.
Imágenes que no mueren…