sábado, 10 de octubre de 2026
Ciudad Valles

“ERA SOLO UN PERRO”, CRÓNICA DE CÓMO MORIR SIN CONSECUENCIA ALGUNA

Un operativo fallido de Protección Civil terminó con la vida de un can tras el ataque a dos menores. Entre el juicio de las redes y la desolación de un hombre, el animal quedó en el olvido.

Por: Víctor Manuel Trejo

La mañana en la calle Emiliano Zapata, en la colonia Vistahermosa de Ciudad Valles, solía oler a rutina; a risas, gritos y a la algarabía de los pequeños que, rumbo a clases, realizan sus recorridos a pie. Sin embargo, aquel día todo terminó de manera abrupta. La noticia corrió a media mañana: un perro había atacado a un par de niños.

La escena no podía ser más preocupante.

En medio, la expectación de los eternos curiosos que ya dejaban escapar versiones diversas sobre cómo ocurrieron los hechos, muchas de ellas contradictorias o, al menos, mal informadas.

Las redes sociales —que ahora hacen las veces de medio de comunicación, tribunal y juez— comenzaron a hervir con sentencias fast track. Primero, la indignación fue contra el dueño del can quien, ausente, ignoraba lo ocurrido, pues dejó encargado al animal a una persona de quien incluso se dijo que estaba ebria.

De ese tamaño eran las especulaciones.

La llegada de los cuerpos de auxilio y de Protección Civil tuvo un desenlace inesperado: el can murió asfixiado durante la maniobra. En redes circularon videos del momento en que un trabajador, utilizando un lazaperros, lo sujeta con fuerza mientras el animal se sacude y lucha por respirar.

Ante ello, la opinión pública prácticamente estalló al encontrar una arista distinta, poniendo a los elementos de auxilio en el centro de la controversia. Se exhibió la falta de capacitación de trabajadores que, hay que decirlo, hacen lo que pueden con el conocimiento y las herramientas que tienen.

Por su parte, el alcalde David Medina declaró, con mucha razón, que Protección Civil actuó de manera correcta al anteponer la seguridad de los menores a la vida del animal.

El encargado del perro fue presentado ante las autoridades para responder por el hecho, y hasta allí llegó el dueño para intentar un acuerdo con los padres de los niños agredidos.

El final de este asunto podemos resumirlo en una imagen de desolación: un hombre sentado en la banqueta, mirando con tristeza absoluta al perro, ahora inmóvil, con una larga soga a un lado. Impacta, es cierto; el hombre se descuidó, perdió al animal que le habían confiado y terminó esposado en las oficinas de la fiscalía.

Pero la figura del perro, de negro pelaje, resulta aún más triste.

Fue el actor principal de este drama y, a estas horas, nadie se acuerda de él. Es morir en el anonimato total. Las mismas redes sociales que lo defendieron de la supuesta brutalidad de los elementos que lo sometieron, lo echaron al olvido de manera casi inmediata.

Los muertos añejos no dan likes.

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