Víctor Manuel Trejo
Son las 8:50 de la mañana en la Plaza Principal de nuestra turística ciudad.
El sol calienta fuerte, aún no hay mucha gente en la plaza. Solo unos artesanos que acomodan sus productos para ofrecerlos en esta jornada.

Un grupo de palomas busca un mendrugo de pan, de esos que arrojan los buenos samaritanos que las alimentan. El cuadro se completa con el escandaloso trinar de otras aves que así, matizan el fresco aún, ambiente urbano.

Es domingo y se nota, la primera señal de ello es la abundante cantidad de basura que se apila, en bolsas negras, a un costado del kiosco. Hasta cierto punto, es natural, los afanosos trabajadores del Ayuntamiento que se encargan de mantener esta plaza limpia, hoy descansan, también ellos tienen derecho.

Enfilamos nuestros pasos al Parque Urbano Luis Donaldo Colosio, descendiendo por el acceso de la calle Pedro Antonio Santos.
Bajar por la escalinata, llena también de basura y con olores nada gratos a excremento y orina ofrece un contraste, en uno de los pilares que sostiene una malla metálica en la parte superior.
Amor y desamor, nostalgia y esperanza que quizá, un par de enamorados anónimos han plasmado en ese lugar.

Uno de los pilares nos muestra un letrero: “cómo te extraño”, el otro, “Dios nos unió y sólo él nos separará. Siempre te amaré”. Nostalgia y esperanza, mientras, escalones abajo, tirado en el suelo, un joven hombre disipa los etílicos vapores con un reparador y profundo sueño.
¿Cuánto tiempo lleva ahí? ¿Qué pena lo llevó a ese sitio?, sólo el Altísmo y él lo saben.
Al llegar al parque, la decepción crece, a lo lejos se empiezan a escuchar una serie de insultos proferidos a voz en cuello por una mujer. Visiblemente afectada de sus facultades mentales, la fémina en cuestión ataca a quien se atraviesa en su errático caminar. Viste de harapos de color indefinido y es, por desgracia, una más de los desequilibrados, los desposeídos que pululan a su suerte por las calles.


Pero eso no es todo, llegando a la parte baja, a la ribera del río, el panorama se vuelve deprimente.
Asadores que se encuentran repletos de basura, botellas de cerveza, vasos de unicel, alguna que otra prenda de vestir.



La “fuente” que debería ser el orgullo del lugar, solo parece un montón de rocas sin orden ni concierto, seca, sucia, maloliente.

Mientras el río lucha por su subsistencia, con lavadores de autos que lo contaminan, aunque digan lo contrario, con descargas sanitarias clandestinas, con una maleza de gran tamaño en la orilla.


Aún se puede apreciar algo de la fauna que otrora fue habitual.
El Parque Luis Donaldo Colosio es un espejo, el espejo del ciudadano que refleja su falta de cultura, su civismo y empatía con sus conciudadanos. Exigimos a los gobiernos que mantengan limpia la ciudad, pero no nos preocupamos por ensuciarla menos. Con una constancia digna de mejores causas, tiramos cuanto desecho nos es inútil y nos indignamos porque las autoridades no lo limpian de prisa.
Son apenas las 10 de la mañana y después de ver este cuadro, ¿saben?…ya no quiero ir al parque.