sábado, 10 de octubre de 2026
Ciudad Valles

NO SÉ SI ME GUSTA LA MÚSICA O A LA MÚSICA LE GUSTO YO: ENTREVISTA CON ROMÁN ARAUJO, “EL PARIENTE”

Hablando de la historia musical de Valles, les comparto la última entrevista que se realizara a Román Araujo, El Pariente, un poco antes de su fallecimiento. Vale la pena conocer de la historia de labios de su protagonista…

En resumen

VICTOR MANUEL TREJO

Si Euterpe, la musa de la música hubiese tenido que escoger a quien representara en la tierra el gusto de ensamblar notas y arrobar conciencias, seguramente se hubiese fijado en Román Araujo Martínez, “El Pariente”, quien a sus 93 años de edad todavía tiene gusto por empuñar el arco y arrancarle bellas melodías a su inseparable amigo de toda la vida: su violín.

Frágil, con su salud quebrantada pero con una lucidez extraordinaria, este hombre, el último quizá de los impulsores tempranos de nuestra máxima tradición musical, el huapango, nos recibe en su hogar, en el corazón del Barrio Las Lomas, un lugar sencillo, lleno de la humildad que caracteriza a los grandes espíritus.

Y comienzan los recuerdos:

Román Araujo Martínez, hijo de Rosalío Araujo Muñiz y Herculana Martínez García llegó a este mundo un 9 de Agosto:

“Nací en un ranchito que se llamaba Loma Dura, allá por El Consuelo, cerca de Tanzacalte en 1923.

Valles era entonces una pequeña comunidad rural, húmeda e insalubre sin más diversiones para niños y jóvenes que los paseos a los parajes o “al centro”, la vida era difícil, rememora y nos regala otra añoranza de aquellos sus primeros años:

“Cuando niño, mi padre me dio con una tía, ‘te voy a dejar a este muchacho, a ver qué hace’, le dijo, entonces aprendí las cuestiones de la cocina, se sorprendían porque siempre tenía muy blanca la hornilla de mi cocina, les traía leña y agua, me gustó mucho el trabajo, nunca fui flojo”.

También era costumbre en los años 20 que los pequeños aprendieran un oficio, pues las escuelas eran escasas y acudir a recibir educación era un lujo que no todos podían darse, así que el pequeño Román se dedicó a vender leña.

 A lomo de bestia recorría los casi 5 kilómetros que lo separaban del pueblo:

“A los 10 años yo conocí Valles allá por 1932 o 33, eran 4 tiendas de la familia Pérez y los hermanos Del Campo, me mandaba mi padre a vender leña todos los días, en aquel tiempo llovía bastante, todos los días llovía y me venía con 5 cargas de leña desde Tanzacalte que me pagaban a 15 centavos cada una, hacía un par de horas para llegar, mi padre hacía 500 leños diarios”.

Después de vender su carga, el pequeño Román compraba “algo de mandadito” según sus propias palabras y alguna pieza de pan para mitigar el hambre, acompañada de una “soda” de las que vendía Don Chayo en la calle Matamoros, “él era el que surtía a los changarritos desde aquí hasta el panteón”.

Fue en ese tiempo cuando algo inesperado surgió en la vida de Román: su gusto por la música primero como diversión y después, marcaría su destino:

“También desde los diez años me gustó la música, un tío, carnalito de mi jefecita tocaba muy bonito el violín, yo tocaba una armónica y otro amigo unas latas y así hacíamos bailar a la chavizada”.

A los 17 años y ya radicado en Valles, en el barrio Las Lomas, inicia su aventura en el mundo de la música.

Fue la casualidad la que puso en manos de Román su primer violín:

“Me lo vendieron en abonos, un Stradivarius, un señor que se llamaba Leobardo Díaz, me pidió 16 pesos por él, a veces le daba 2 pesos, a veces 5 y se lo pagué, era de su hermano que falleció porque tomó ácido creyendo que era aguardiente.

Su encuentro con “El Negro” Marcelino Tovar se produjo en un lote que se encuentra junto a su casa en los años 40, ahí nacieron melodías e ilusiones, “tocamos poco tiempo juntos, El Negro tuvo una suerte muy buena, le cayó muy bien al general Gonzalo N. Santos y luego luego lo grabó”.

El Pariente no leyó jamás una partitura y confiesa que tampoco tuvo la fortuna de conocer las letras, aunque ello no le impidió ser polifacético

Pues aunque pocos lo saben, también fue un excelente ejecutante de la guitarra y la jarana, “acompañé al finado Pedro Rosa (autor del mundialmente famoso ‘Querreque’) en la guitarra y jarana, yo soy lírico yo no tuve estudio con nadie y me revuelvo con cualquier huapanguero, dondequiera”, exclama orgulloso.

“Los parientes” fue la agrupación que nació por su iniciativa y de la cual tomaría el sobrenombre que hasta hoy le acompaña.

Hombre de familia y de profundos valores religiosos, casó en 1949 con Ma. De la Luz Benavides Saucedo con quien procreó 10 hijos, 6 mujeres y 4 hombres.

La vida ha sido grata para el músico porque le dio oportunidad de conocer a muchas personas, opina, sin embargo hay que tener cuidado, “A los jóvenes les digo que conserven esta música, échenle ganas, es muy bonito, los llevan a casas muy ricas donde hay mucho dinero, mucho oro, hay que tener mucho respeto, mucho cuidado con eso”, aconseja.

“El Pariente” no teme al cambio, convive con las nuevas generaciones de músicos, “ahora toco con Luis Monroy, pura música electrónica, guitarras eléctricas y piano”, nos cuenta, con la alegría de formar parte de escenarios como el del Teatro Fernando Domínguez del Centro Cultural, arropado por una orquesta sinfónica.

Matehuala, S.L.P., Tlaxcala, San Miguel de Allende, Querétaro, Tampico, Ciudad de México son algunas de las ciudades que han atestiguado el andar de Román Araujo.

En 1986 recibe su primer homenaje, durante la administración de Miguel Romero Ruiz Esparza, en 2015 Juan José Ortíz Azuara también reconoció su trayectoria y forma parte del libro los 50 grandes huapangueros de María Patricia Camacho Martínez.

Apasionado por ayudar a sus compañeros de profesión, es recordado en el gremio como uno de los mejores tesoreros que ha tenido la Sección 214 del Sindicato de Músicos.

Noventa y tres años han transcurrido desde que “El Pariente” llegó a este mundo, Ciudad Valles ha cambiado mucho desde entonces, de ser una comunidad netamente rural se ha transformado en una ciudad mediana.

Cronos, el tiempo, moldea lugares y circunstancias a su antojo y todo lo vence, sin embargo, parece respetar a este hombre que a pesar de sus padecimientos y de su andar lento por el paso de los años aún genera sentimientos y conserva la energía y el gusto para seguir arrancando notas a su viejo violín.

“Seguro que sí, sí señor”, es su frase de batalla, que sin duda alguna sigue resonando en los lugares donde ha hecho presencia y regalado su arte, desde las más elegantes y encumbradas casas, hasta lugares como “El Aguaje”, un modesto bar del centro de la ciudad que ha sido su centro de trabajo durante estos últimos años.

Román Araujo Martínez, “El Pariente”, ya ganó con creces su lugar en la historia de nuestras tradiciones y a pesar de ello aún no sabe si le gusta la música o a la música le gusta él.

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