Víctor Manuel Trejo
11 de enero de 2026
Independientemente de las implicaciones políticas que se puedan discutir debido a que un grupo de ciudadanos se reunió en la Plaza Principal para llevar a cabo una jornada denominada, catalogada como de defensa de la soberanía y apoyo a la presidente Claudia Sheinbaum.
Y acotamos que fue un grupo de ciudadanos ya que así lo manifestó la presidente de Morena en el Estado, Rita Ozalia Rodríguez Velázquez, integrante de la familia más poderosa de los guindas vallenses, “no venimos como Morena, sino como ciudadanos”, aseveró, palabras más, palabras menos y añadió que el instituto político en el poder solo fue un medio del que se valieron para organizar el evento.
Los discursos pronunciados por la plana mayor del partido y algunos ciudadanos, pueden y deben ser calificados como bien hechos, bien expresados, ya que, sin temor a equivocarnos, representan sin duda, el sentir general de los mexicanos, no intervención armada de ningún tipo ni de ninguna índole en el territorio nacional.
Hasta ahí, todos de acuerdo.
Cierto es también que a nadie le place someterse a alguien ajeno a su casa.


Sin embargo, la defensa de la soberanía es una tarea que implica mucho más que una declaración o “posicionamiento” en un lugar público.
¿De qué debemos defender la soberanía?, por lo general de una incursión de una nación extranjera, la cual, bajo algún pretexto, desea imponer su voluntad a un pueblo ajeno a sus fronteras.
El avasallamiento puede ser de tipo ideológico y económico o bien, lo cual se ha venido padeciendo desde tiempo atrás, y además, tristemente, seguirá sucediendo, por medio de las armas.
¿Cuál es el pretexto de Donald Trump para anunciar ataques a personajes específicos en territorio mexicano como lo son los cárteles criminales?: pues que con su actividad ilícita de tráfico de enervantes, en concreto de fentanilo, causan la muerte de miles de ciudadanos norteamericanos al año, y exacto o no, porque a los güeros les encantan los estupefacientes y tienen lana para consumirlos, la razón que esgrime el Presidente americano suena válida, por lo menos para sus seguidores.
Y ése ha sido uno de los más importantes temas en los cuales basó su sorprendente regreso a la Casas Blanca.
Una vez instalado inició la presión para que el Gobierno Mexicano, encabezado entonces por el tristemente célebre presidente López Obrador, iniciara acciones para combatir al narcotráfico, petición que no tuvo el eco que el desquiciado vecino deseaba y que, aunque con un ligero matiz de cooperación, Claudia Sheinbaum ha sostenido.
A Sheinbaum y García Harfuch hay que reconocerles, por supuesto, su alejamiento de la política de abrazos no balazos, que algunos califican de insuficiente.
Pero lo esencial, lo verdaderamente esencial, es la llamada defensa de la soberanía.
Cuando el ataque es armado, cuando hay una invasión a un pueblo mediante la fuerza, de poco sirven las reuniones en las plazas y más aún cuando se trata de un ejército poderoso y poseedor de la última tecnología para hacer la guerra.
Defender la soberanía con discursos en una plaza y reparto de zacahuil o gorditas no suena muy efectivo, es poco probable que las ansias expansionistas de Trump se frenen o cesen por estas acciones.
En todo caso, efectivo sería actuar y demostrar, no a Trump, sino a todos los mexicanos, que la administración federal trabaja seriamente en el combate al crimen y a la corrupción y eso no es sometimiento ni entreguismo o seguir las órdenes de un gobierno extranjero, eso se llama honradez, decencia, ejercicio correcto del poder.
Claudia Sheinbaum no necesita apoyo, es Comandante de las Fuerzas Armadas por ministerio de ley, tiene el control del Poder Judicial y el Poder Legislativo, en este último, puede legislar de prisa y sin cambiar una coma a sus propuestas en virtud de la mayoría abrumadora de escaños que le pertenecen.
¿Para qué quiere la presidente a una persona de la tercera edad sentada en una plaza gritando consignas?
Y la soberanía, cuando se ve amenazada, se defiende con acciones concretas, de ejército a ejército, de combatiente a combatiente, como sucede y ha sucedido en la historia de la humanidad, es muy difícil neutralizar una bala con un discurso en una hoja de papel o con un “¡venga por mí, cobarde!” o con bailecitos al estilo de un personaje local, nativo de Salinas que todos conocemos.