VÍCTOR MANUEL TREJO
19 DE MARZO DE 2026
Cada año, la llegada de la Feria Nacional de la Huasteca Potosina (FENAHUAP) despierta en Ciudad Valles un fenómeno tan tradicional como la feria misma: la polarización. Lo que debería ser la máxima fiesta de la región se ha convertido en el epicentro de un debate recurrente sobre las prioridades de la administración pública y el verdadero propósito de este evento.
El punto de fricción siempre es el mismo: la cartelera artística. Por un lado, existe un sector que celebra el esfuerzo por traer artistas de talla nacional o internacional de forma “gratuita” (o con costo mínimo), argumentando que el pueblo merece espectáculos de calidad que, de otro modo, serían impagables para la economía familiar promedio. Para muchos, la feria es el único momento del año donde el entretenimiento masivo está al alcance de su bolsillo.
Sin embargo, la otra cara de la moneda es más crítica. La discusión gira en torno al costo de oportunidad. ¿Cuánto le cuesta realmente al municipio —y por ende a los ciudadanos— pagar esos contratos millonarios? Las voces disidentes cuestionan si ese recurso no debería destinarse a servicios básicos crónicos, como el bacheo, el alumbrado o el suministro de agua, que suelen flaquear justo cuando la ciudad recibe a miles de visitantes.
Además, está el debate sobre la identidad.
Hay quienes lamentan que la cartelera se haya volcado tanto hacia lo comercial, dejando en segundo o tercer plano la esencia huasteca. La música de banda y el pop suelen devorar los espacios que originalmente buscaban promover el folclor, la ganadería y la gastronomía local.
A pesar de todo , La FENAHUAP es, sin duda, un motor económico vital para el comercio y el turismo, pero su éxito no debería medirse solo por cuánta gente llena el Teatro del Pueblo, sino por su capacidad de equilibrar el brillo de las luces con el bienestar de la ciudad que la alberga.
Al final, la mejor feria no es solo la que trae al artista del momento, sino la que deja una ciudad mejor de como la encontró, económicamente hablando, porque a fin de cuentas, todos aquellos feroces detractores del evento lo disfrutan, porque también asisten.
¿Usted que opina?