Víctor Manuel Trejo
26 de marzo de 2026
La Huasteca Potosina, con su exuberante belleza natural, que en los últimos años ha despuntado en el ámbito turístico, se ha convertido en el escenario de un conflicto que escala cada fin de semana.
No hablamos, por supuesto, de disputas agrarias ni de luchas políticas, sino del rugido ensordecedor y la conducta errática de los conductores de vehículos todoterreno, conocidos popularmente como razers.
Lo que para unos es un pasatiempo de adrenalina y estatus social – los precios de estos vehículos varían entre los $330,000 MXN y pueden superar el millón de pesos en versiones de alta gama – para los habitantes de Ciudad Valles se ha transformado en una molestia constante que en muchos casos raya en la anarquía vial.
Las denuncias ciudadanas saturan las redes sociales y los medios locales, pues estos señores, se brincan las trancas, como coloquialmente se dice, de diversas maneras:
- Conductores que ignoran señales de alto y semáforos en rojo a plena luz del día.
- El uso de estos vehículos en zonas urbanas y rutas no autorizadas, poniendo en riesgo a peatones y otros automovilistas.
- El ruido excesivo que altera la paz de las colonias, especialmente durante las noches y madrugadas.
Y sobre todo, el daño que provocan en el entorno ecológico en los diversos parajes de la región que también ha sido motivo de queja por los hermanos indígenas principalmente.
La respuesta de las autoridades ha sido, por decir lo menos, tibia. Mientras el Ayuntamiento y la Policía Municipal emiten advertencias y anuncian operativos, los conductores parecen percibir estas reglas como “opcionales” o de plano las ignoran con olímpico desdén y en muchos casos con una actitud prepotente,
El argumento oficial para ser “blandito” en la aplicación del reglamento suele refugiarse en la derrama económica; se estima que eventos de este tipo atraen a cientos de visitantes.
Sin embargo, la pregunta que queda en el aire es: ¿cuál es el precio de esa derrama? ¿Vale más el consumo de unos pocos que la seguridad y el descanso de miles?
Los accidentes y atropellamientos presuntamente vinculados a estos vehículos están ahí, incluso fallecimientos.
Ciudad Valles no puede seguir siendo un territorio sin ley para quienes tienen el poder adquisitivo de comprar un vehículo de lujo para el fango. El turismo debe convivir con el respeto, y la autoridad debe demostrar que sus indicaciones no son “puro adorno”.
Si no se pone un freno real, el rugido de los razers seguirá acallando la voz de una ciudadanía que solo pide orden y respeto en sus propias calles.
¿Qué piensa usted, estimado lector?