Víctor Manuel Trejo
11 de mayo de 2026
Afirma el C. Mario Delgado, quien se desempeña como secretario de Educación Pública, que “el sistema económico actual que obliga a muchas familias a buscar quién cuide a sus hijos ante la falta de flexibilidad laboral, especialmente en el caso de las mujeres, motivo por el cual propone abrir a discusión el calendario escolar”, es decir, a la velocidad de una declaración, culpa a la iniciativa privada, a las empresas, a los riquillos pues, de su apresurada medida de acortar el calendario escolar, medida que ha encontrado oposición, principalmente en el gremio magisterial, los maestros que trabajan, porque los que viven de la grilla y el “sindicalismo”, están de plácemes.
Para nadie es un secreto que la educación pública en México, pasa por uno de sus peores momentos.
Acuda usted al salón de clases de cualquier secundaria y pida a un alumno que le explique la letra del Himno Nacional y se dará cuenta de la pobreza en el conocimiento del idioma que tienen nuestros adolescentes.
Añada usted a esta circunstancia el largo período que los estudiantes mexicanos estuvieron en casa, medio cumpliendo con las clases y tareas a distancia que se implementaron para tratar de paliar los efectos de la epidemia de Covid 19 y lo que se obtuvo de ese triste interludio educativo, alumnos por debajo, pero muy por debajo de los estándares de conocimientos necesarios en todos los niveles.
Ahora, el inefable Secretario de Educación, el señor Delgado, justifica su desbarre de acortar el calendario escolar so pretexto de las altas temperaturas, pero sobre todo, de la realización del Mundial de Futbol y al encontrar resistencia, lo más fácil y el expediente más socorrido del Gobierno de la transformación – y vaya que están transformando al país -, es culpar al “sistema económico” de insensibilidad, como si el aprendizaje fuese responsabilidad de los negocios, de las empresas.
Ambas cosas, educación y sistema económico, pueden ser concurrentes en algún sentido, pero fuera de ello, no tienen qué ver la una con el otro.
El aprendizaje que se imparte en las aulas nada tiene que ver con ningún sistema económico y su sensibilidad o la falta de ella, tan simple: el alumno que pisa un aula, aprende o no, se prepara o no.
Para ello, se requiere de un calendario bien definido, con actividades, material didáctico y maestros capacitados para que instruyan debidamente al educando.
Modificaciones al vapor, como la que se pretende, no solo perjudican la adquisición del conocimiento, sino también de los valores. Con improvisaciones como esta del Sr. Delgado, los alumnos aprenden que se puede modificar un programa de estudio serio sin que haya consecuencias y, finalmente, los que cargan con el peso de estos dislates son los maestros al frente de aula, es a ellos quienes les toca desfacer el entuerto, como diría Cervantes en su Quijote de la Mancha, adecuar actividades y planear el siguiente curso.
Algunos planteles ya tienen compromisos pactados con el calendario actual y si como dice Mario Delgado, en esos días ya no se enseña nada, pues la solución más simple es: que enseñen algo, ¿no?
Señor Delgado, como diría la abuela “hay que pensar para hacer y no hacer para pensar”, ¿qué necesidad de que la Presidente con a de desinformada tenga que salir a enmendarle la plana y a defenderlo?
¿Usted qué opina?