Víctor Manuel Trejo
7 de junio de 2026
Terminó la participación de la Selección Mexicana en el Campeonato mundial de Futbol 2026.
Con algo de satisfacción, pero con más pena que gloria.
Y es que, a pesar del despliegue publicitario para tratar de hacer creer a la afición de que el futbol en México ha avanzado, lo cierto es que a Javier Aguirre, lo mismo que a todos los técnicos que han dirigido al seleccionado, le sucedió exactamente igual, tropezaron en el mismo lugar, llegaron al tope de su competencia, quizá el equipo tricolor sea uno de los 16 mejores del mundo, pero hasta ahí, no más, hay que ser realistas, porque con lo que mostró, no le alcanza para ser el noveno.
LA SELECCIÓN
Sin ser eruditos en futbol, sin dejar aflorar el técnico que todos llevamos dentro, podemos afirmar, que completar una primera ronda con paso perfecto, con equipos de similar calidad, a excepción de Ecuador, fue grato más no refleja el nivel que la tricolor tiene en el ranking mundial, dejar atrás a Chequia, Sudáfrica y Ecuador, fue bueno, más no algo fuera de serie.
Cuando le tocó enfrentar a un equipo superior como los ingleses, en cuyo país se juega una de las mejores ligas de futbol del mundo, la Selección Mexicana mostró su realidad.
El juego fue emocionante, sin duda, pero el no poder vencer a un equipo físicamente tronado por la altura de la Ciudad de México, jugando en su casa, ante su fanaticada y aún más, con superioridad numérica debido a la expulsión de Jarrel Quansah, nos muestra que aún hay que recorrer un largo camino en cuanto a personalidad deportiva se requiere para ser un verdadero protagonista con posibilidades de triunfo en las Copas del Mundo.
Camino que por cierto es largo y lo seguirá siendo en tanto que el futbol mexicano sea negocio de unos cuantos y obedezca a los intereses económicos de los propietarios de las franquicias.
Tienen derecho a ello, exponen su capital, eso también es cierto.
EL PÚBLICO


El público merece mención aparte, porque si algo debe agradecerse a este evento futbolístico, es la oportunidad de ver a familias enteras, niños, adolescentes y hasta adultos mayores, muy mayores, conviviendo alrededor de una pantalla.
Toda vez que los precios de los boletos en los estadios fueron prohibitivos para la gente común y corriente, pues hubo algunos tasados en millones de pesos según reportaron varios medios de comunicación.
Los festejos por los triunfos del tricolor, también merecen ser mencionados, pues fueron algo pocas veces visto pero donde, desafortunadamente hubo que lamentar pérdidas humanas, como sociedad, por desgracia, nos faltan cultura, valores cívicos, y esto último, no se enseña en las escuelas, lo traemos del hogar.
LA FIFA DE INFANTINO

Lo que es inevitable comentar, visualizar y analizar, es la actuación del organismo responsable de la organización del Mundial y la máxima autoridad del futbol en el mundo: La FIFA.
Con la llegara de Giovanni Vincenzo Infantino a la FIFA, después de la poco decorosa salida de Joseph Blatter, el organismo se ha transformado en una máquina de hacer dólares.
Comercializando sin piedad hasta los calzones con logos del mundial, ha transformado este evento en uno elitista, donde solo las personas de posición económica más que desahogada tiene la capacidad de asistir a la fiesta mundialista en el escenario principal, los estadios.
Los prohibitivos precios de los boletos, orillaron a la gente a verlo en sus casas – solo los que se transmitieron en TV abierta, porque las transmisiones televisivas son parte fundamental del negocio futbolero – o en las pantallas que los gobiernos facilitaron para presenciarlos, de lo cual, destacamos nuevamente que provocó algo positivo, quizá lo único, la sana convivencia familiar.
LA CONTAMINACIÓN POLÍTICA DE TRUMP


Y no podía faltar la cereza del pastel: el inefable Donald Trump y su protagonismo, su ego inflado por el poder, incidiendo en el evento.
Folarin Balogun es una de las figuras de EE.UU. en el Mundial por su aporte en ataque y una historia personal singular que ha llamado la atención durante el torneo. Pues éste jugador, que fue expulsado en el partido frente a Bosnia Herzegovina tendría, por reglamento, perderse el partido que los norteamericanos sostendrían frente a Bélgica.
Es ahí donde la política y el negocio se unieron en Trump e Infantino.
Mediante un recurso legaloide se suspendió el castigo a Balogun para que la escuadra norteamericana pudiese contar con él en este decisivo encuentro.
Imagine usted que expulsaram a Messi, Mbapé o a Halland…la casa pierde.
Afortunadamente la justicia deportiva se hizo presente y los belgas tundieron al equipo de las barras y las estrellas con la nada grata contabilidad de 4 goles a 1.
En conclusión, el Mundial 2026 fue distinto, se alejó del populacho que no pudo seguirlo más que por televisión.
Y la selección, ¡ah!, la selección mexicana, así, con minúsculas, tropezó de nuevo y con la misma piedra, parafraseando a Julio Iglesias.
Otra vez fuimos el… ¡ya merito!