Entre versos de altivez,
Pita Amor se alza señera,
con su alma de luz guerrera
que desafía la escasez.
Su verso, con rapidez,
es un golpe de cristal,
un espejo cardinal
donde el ego se desborda,
mientras la vida se aborda
con un gesto magistral.
En la calle, soberana,
con su estampa de marquesa,
la rima fue su nobleza
y su voz, una mañana.
Ni la sombra, ni la vana
mentira de la humildad,
frenaron su voluntad;
se hizo mito, se hizo llama,
y en la historia que se trama,
brilla por su eternidad.
Dueña de un reino sin suelo,
caminaba en su altivez,
derrochando lucidez
bajo el palio de su cielo.
No conoció el desconsuelo
ni el pudor de la medida,
fue una antorcha encendida,
exquisita en su demencia,
toda fuerza, toda esencia,
poeta de la vida y la herida.
Fue el diamante y fue el abismo,
la belleza en su esplendor,
desafiando con valor
todo dogma y pesimismo.
Se elevó en su mismo sismo,
inmensa, fatal, divina,
con la pluma que ilumina
el papel que le servía
de altar a su profecía,
que al mundo, al fin, domina.
VMTE / 18 DE JULIO DE 2026